El precio de la sal

 

“La sensación de que todo el mundo estaba incomunicado con los demás y de estar viviendo en un nivel totalmente equivocado, de manera que el sentido, el mensaje, el amor o lo que contuviera cada vida, nunca encontraba su expresión verdadera. Le recordaba conversaciones alrededor de mesas o en sofás con gente cuyas palabras parecían revolotear sobre cosas muertas e inmóviles, incapaces de pulsar una sola nota con vida. Y cuando uno intentaba tocar una cuerda viva, lo hacía mirando con la misma expresión convencional de cada día y sus comentarios eran tan banales que era imposible creer que fuese siquiera un subterfugio.”

Patricia Highsmith, 1951
Carol

CORTA HISTORIA DE UNA AUSENCIA

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Le escribió y, para que disfrazar lo ocultado, también le habló. Discutía con ella a pesar de que ya no estaba, bueno, al menos no de cuerpo presente junto a él, ni en sus espacios ni en sus instantes. Le escribía y, para que galardonarse con un desgastado sentido de ‘estar por encima’, le odiaba. La maldecía con gusto, justo encono, por vaciar sus espacios y multiplicar los instantes. Los vacíos, los cargantes. Hasta que un día creyó ver su risa pasear por la estela melosa de otro, de un ‘ese’, otro amante. Entonces descubrió que no había estado más que escribiendo, hablando y maldiciendo a su propia ausencia.

– Vaya, lo siento -se dijo- eras tú soledad, tan vacía de mí…

Y, aunque de su mano, en ese espacio, en ese instante, se manifestó a la vida.

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“… y que en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida. Y en uno de esos trozos transparentes del muro de piedra yo había visto a esta muchacha y había creído ingenuamente que venía por otro túnel paralelo al mío, cuando en realidad pertenecía al ancho mundo (…) Y entonces, mientras yo avanzaba siempre por mi pasadizo, ella vivía afuera su vida normal, la vida agitada que llevan esas gentes que viven afuera, esa vida curiosa y absurda en que hay bailes y fiestas y alegría y frivolidad.”

Ernesto Sabato, 1948
El túnel

LE DIO LA ESPALDA

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“Le dio la espalda al espectáculo de la ignorancia y el destino humanos y al mar que devora el terreno que pisamos; si hubiera podido contemplarlos fijamente tal vez habría llegado a alguna parte, en lugar de eso buscó consuelo en insignificancias que parecían tan nimias en comparación con el sublime asunto que acababa de tener ante sus ojos que se sintió dispuesto a despreciar aquel consuelo, a desaprobarlo como si que le sorprendieran siendo feliz en un mundo tan desdichado fuese el peor de los crímenes para un hombre honrado.”

Virgina Woolf, 1927
Al faro

Siempre hay un camino a la derecha

LuFueGo

Tener que agarrarme a su estela con uñas y dientes es premonitorio de un notorio golpe, pero aquí sigo, obcecado detrás de ella. Yo que cada mañana me afeitaba, constatado ciudadano, con la mirada fija en la barba, ahora nada más levantarme lanzo mis ojos hacia su gaznate, sostengo ahí las energías de vivir y ya no hago nada más. El camino se delinea, se recorre, se espolvorea o se observa desde la distancia según la música rutinera del día. Pero un silencioso amanecer, casual, azarosamente causal, descubres que calzarse las ganas y vestirse las disposiciones no es cuestión de voluntad, sino de dirección. Todo lo que era constancia hasta su aparición, de pronto empieza a reverberar como un rumor conocido, vivaz, que fosforece… No fue fácil entender las señales, como constatado ciudadano, nunca me hubiera tirado a los pies de cualquier circunstancia que me rescatara del letargo amoratado en el que se sostenía mi monolítica ilusión. Pero fue ella y no aquella y no otra y no ninguna, y más que rendirme no me quedó otra que sobresaltarme, resaltarme y saltarle detrás. Y aquí me hallo, esporádico ciudadano, agarrado a su estela con uñas y dientes. Sépanlo, siempre hay un camino a la derecha…