Y ya

a cada acto

Liberas al momento cada movimiento grácil, desfasado o torpe, y no te preguntas por qué ese y no otro es el frío indisoluble que te penetra hasta arder, en lo más movedizo de tu querer, la indecisión constante de conocer todos los segundos que podías haber respirado y ni siquiera adivinaste. Liberas la realidad que casi intuyes, luchando por no percibir más allá de lo que tus calores te mortifican y las patrañas en las que tus descansos se enmarañan. Te liberas, a cada acto, y eres feliz porque quien no piensa y no escribe disfruta y sufre en un acunar de su voluntad que nunca pasó de vulgar destino. Te liberas mientras yo me amarro a cada acto y cargo, me lentifico y ya.