El mal me parte

EL DESENCAMINADO

¡Si puediese dormir! Aún me extravío
Por este insomnio que se me rebela.
No sé lo que detrás de la cancela
Me ocurre en mi interior aún más sombrío.

Dentro, confuso y torpe, me desvío
De lo que el alma sobre todo anhela:
Mantener encendida esa candela
Propia sin cuya luz yo no soy mío.

¡”Descaminado enfermo”! Peregrina
Tras mi norma hacia un orden, tras mi polo
De virtud va esta voz. El mal me parte.

Quiero la luz humilde que ilumina
Cuerpo y alma en un ser, en uno solo.
Mi equilibrio ordinario es mi gran arte.

Jorge Guillén (1957-63)
Clamor… Que van a dar en la mar

ES OBLIGATORIO

Es obligatorio tener mitos
yo gustosa desobedezco,
gustosa me plancho las blusas,
cuando tengo tiempo,
porque antes es hablar con los amigos.
Es obligatorio presentarse con buenas ropas,
con buenas obras -no interesa tanto-.
Es obligatorio no asomarse a la ventanilla,
porque tienes que estar vivo si organizan la guerra.

Es obligatorio silenciar que hay tumultos
porque pueden echarte del trabajo,
y si cantas verdades la celda te preparan,
te preparan el llanto, porque es obligatorio…
sufrir siendo persona,
guardar rencor,
adular al pedante,
llevar medias en los templos,
tener bastantes hijos,
volver mañana,
tener enemigos,
es obligatorio todo esto,
y encima te prohiben escupir en el suelo.

Gloria Fuertes, Todo asusta (1954)

LOS CIELOS SON IGUALES

Los cielos son iguales. /Azules, grises, negros,/se repiten encima/del naranjo o la piedra:/nos acerca mirarlos./Las estrellas suprimen,/de lejanas que son,/las distancias del mundo./Si queremos juntarnos,/nunca mires delante:/todo lleno de abismos,/de fechas y de leguas./Déjate bien flotar/sobre el mar o la hierba,/inmóvil, cara al cielo./Te sentirás hundir/despacio, hacia lo alto,/en la vida del aire./Y nos encontraremos/sobre las diferencias/invencibles, arenas,/rocas, años, ya solos,/nadadores celestes,/náufragos de los cielos.

PEDRO SALINAS, La voz a ti debida

La primavera te espera

COLLIGE, VIRGO, ROSAS
Niña, arranca las rosas, no esperes a mañana.
Córtalas a destajo, desaforadamente,
sin pararte a pensar si son  malas o buenas.
Que no quede ni una. Púlete los rosales
que encuentres a tu paso y deja las espinas
para tus compañeras de colegio. Disfruta
de la luz y del oro mientras puedas y rinde
tu belleza a ese dios rechoncho y melancólico
que va por los jardines instilando veneno.
Goza labios y lengua, machácate de gusto
con quien se deje y no permitas que el otoño
te pille con la piel reseca y sin un hombre
(por lo menos) comiéndote las hechuras del alma.
Y que la negra muerte te quite lo bailado.

Luis Alberto de Cuenca
De Por fuertes y fronteras